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sábado, 18 de mayo de 2013

STEPHEN KING - LA PLANTA I


STEPHEN KING  
LA PLANTA I  





4 de enero de 1981 

Zenith House, Editores, 
490 Park Avenue South 
New York, New York 10017, 
  
Señores: 

        He escrito un libro que quizás acepten publicar. Es muy bueno, todo es terrorífico y real. Se llama Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas; conozco todas las cosas de primera mano. El volumen incluye historias tales como "El Mundo de la Brujería," "El Mundo del Éter," y "El Mundo de los Muertos Vivientes." También incluyo algunas recetas para pociones, pero éstas podrían ser "censuradas" si les llegara a parecer que son demasiado peligrosas, a pesar de que a la mayoría de las personas no le funcionarían en absoluto, y en un capítulo llamado "El Mundo de los Hechizos" explico las razones. 
Ahora les estoy ofreciendo este libro para su publicación. Estoy ansioso por vender todos los derechos (salvo los de la película; yo mismo haré el film. Si lo desean también hay fotografías. Si están interesados en este libro (ningún otro editor lo ha visto, estoy enviándoselos porque ustedes son los editores de Casas Sangrientas, que fue bastante bueno), por favor contesten con el franqueo postal pago que he adjuntado. Enviaré el manuscrito con estampillas de retorno por las dudas de que el libro no les guste (o no lo entiendan). Por favor respondan lo más pronto posible. Opino que es inmoral enviar un manuscrito a varias editoriales, pero quiero vender Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas cuanto antes. ¡En este libro hay algo "jodidame**e asustadizo!" ¡Si entienden lo que quiero decir! 
  
Sin otro particular,
Carlos Detweiller 
147 E. Calle 14, Depto. E 
Central Falls, R.I. 40222 

memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE:  John 
REF:  Presentaciones/11-15 Enero, 1981, 
  
Un nuevo año, y la nieve fangosa en el montón de lodo sigue creciendo ininterrumpidamente. No sé cómo le estará yendo al resto de tus esforzados favoritos de la editorial, pero yo continúo empujando la piedra existencial de los ambiciosos inéditos de América, o al menos la parte de ellos que me toca. Lo cual sólo es para decir que ya leí mi porción de basura de esta semana (y no, no he estado fumando lo que W. C. Fields llamaba "la sustancia ilícita", es simplemente que estoy teniendo un día pesado). 
Con tu aprobación, estoy devolviendo 15 largos manuscritos que llegaron sin ser solicitados (ver Devoluciones, en la próxima página), 7 "borradores y capítulos de muestra" y 4 inclasificables que se parecen un poco a textos mecanografiados. Uno de ellos es un libro de algo llamado "poesía de sucesos gay" titulado Succiona Mi Gran Pija Negra, y otro titulado La Pequeña Lolita, que trata de un hombre enamorado de su alumna de primer grado. Al menos eso creo. Está escrito con lápiz y es difícil decirlo con seguridad. 
      También con tu aprobación, te estoy pidiendo que veas borradores y capítulos de muestra de 5 libros, incluyendo al nuevo destripador-de-corpiños de ese bibliotecario de mal genio de Minnesota (los autores nunca curiosean en tus archivos, ¿no, jefe?). Podría considerarse como una sumisión llana, pero el pobre desempeño de Sus Besos Ardientes no lo justifica  ni siquiera  nuestro desastroso sistema de distribución: a propósito, ¿ni una palabra de qué está pasando con los Distribuidores Unidos de Novedades?). Sinopsis para tus archivos (más abajo). 
      Por último, y probablemente no tenga importancia, estoy añadiendo una curiosa carta de un tal Carlos Detweiller de Central Falls, Rhode Island. Si yo regresara a la Universidad Brown, especializándome alegremente en Lengua Inglesa, planeando escribir grandes novelas, y trabajando bajo la premisa errónea de que todos quienes  publicamos debemos ser brillantes o por lo menos "realmente inteligentes," tiraría la carta del Sr. Detweiller en seguida. (¿Carlos Detweiller, –me pregunto ahora a mi mismo, mientras sacudo las teclas de esta vieja Royal– puede que sea un nombre real? ¡Ciertamente no!) Probablemente utilizaría unas tenazas para manipular esta carta, por las dudas de que la obvia dislexia del hombre fuese contagiosa. 
      Pero dos años en Zenith House me han cambiado, Roger. Las vendas se han caído de mis ojos. No podrás tener realmente a los pesos pesados como Milton, Shakespeare, Lawrence, y Faulkner en potencia hasta que hayas almorzado en Hamburguesas Cielo con el autor de Ratas del Infierno o hayas ayudado al creador de Acuchíllame, Querido a superar su actual bloqueo de escritor. Llegas a comprender que el gran edificio de la literatura tiene un jodido montón más de subsótanos del que te imaginabas cuando te escondiste tu primer libro bajo la remera para toquetearte (¡no, no he estado fumando hierba!). 
      Está bien. Este tipo escribe como un alumno de tercero ligeramente brillante (todas las frases lo confirman; su carta tiene el encanto de un  tipo pesado bajando las escaleras con botas de la construcción), pero también lo hace Olive Barker, y considerando nuestro endeble sistema de distribución, a su serie de Viento Flotante le fue bastante bien. La frase en el primer párrafo, donde dice que él conoce todas estas cosas "de primera mano" sugiere que está algo ding-dong. Ya sabes lo que quiero decir. Su afirmación de que piensa dirigir la película sugiere que es un ding-dong con delirios de grandeza. Creo que ambos sabemos eso. Además, apostaría mi último par de calzoncillos (¡estoy usándolos, y eso que están más que gastados!) que, a pesar de su negativa, cada editor de New York ha visto Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. La lealtad a una compañía sólo puede llegar hasta cierto punto, colega; ni un alumno de tercero ligeramente brillante empezaría en Zenith House. Supongo que esta carta ha sido vuelta a escribir pacientemente y vuelta a enviar por el infatigable (y probablemente obsesionado) Sr. Detweiller por lo menos cuarenta veces, empezando con Farrar, Straus & Giroux, o quizá incluso con Alfred A. Knopf. 
      Pero creo que hay una posibilidad –aunque extremadamente remota– de que este Sr. Detweiller pueda haber investigado el suficiente material como para crear realmente un libro. Tendría que ser reescrito, por supuesto –su carta de preentación lo deja perfectamente claro– y el título apesta, pero tenemos varios escritores en nuestro staff que estarían más que contentos de hacerse un poco el escritor-fantasma y llevarse unos fáciles $600. (Te ví hacer una mueca de dolor; digamos $400. Probablemente la infatigable Olive Barker sea la mejor de ellos. También creo que Olive se da con Valium. Los toxicómanos trabajan más duro que las personas normales, jefe, como creo que ya sabes. Al menos hasta que se mueren, y la pendenciera de Olive es fuerte. Ella no luce demasiado bien desde su ataque de apoplejía –odio la forma en que el lado izquierdo de su cara simplemente cuelga allí– pero ella es fuerte.) 
      Como decía, las oportunidades escasean, y siempre es un poco arriesgado alentar a un loco evidente, ya que luego resulta muy difícil librarse de ellos (¿recuerdas al General Hecksler y su libro Veinte Flores Psíquicas de Jardín? Durante algún tiempo pensé que el hombre podría llegar a ser genuinamente peligroso, y, desde ya, él fue la razón principal de que el pobre viejo Bill Hammer renunciara). Pero en realidad, Casas Sangrientas anduvo bastante bien, y la cosa completa –fotografías borrosas y todo– nos llegó desde la Biblioteca Pública de New York. Así que dime: ¿agregamos a Carlos a Devoluciones, o lo invitamos a que envíe un borrador y capítulos de muestra? Decida rápido, o gran líder, para poder mantener en equilibrio el destino del universo. 
  
 John 






de la oficina del editor en jefe
  
A:  John Kenton 
FECHA:  15/1/81 
  
MENSAJE: ¡Por Cristo, Johnny! ¿Alguna vez te callaste en tu vida? ¡Ese memorándum tenía más de tres páginas de largo! Si no estabas drogado, no tienes ninguna excusa. Rechaza la maldita carta de presentación, dile a este Carlos Como-Se-Llame que envíe su manuscrito, o cómprale un pony, haz lo que quieras. Pero ahórrame la puta tesis. No las recibo ni de Herb, ni de Sandra, ni de  Bill,  y  tampoco las quiero de tí. "Empala la  mierda  y  cállate,"

¿Por qué no haces de esta frase un lema? 
  
 Roger 
  
P.D.  Harlow  Enders  llamó  de  nuevo  hoy;  parece  que  vamos a seguir recibiendo los cheques del sueldo por lo menos durante otro año. Después de ese tiempo, ¿quién lo sabe? Dice que en junio va a haber una "valoración de posición", y en enero próximo una "revisión total de la posición global de Zenith en el mercado"; traduzco estas dos frases empalagosas diciendo que podríamos estar en venta en el próximo enero a menos que mejore nuestra posición en el mercado, y, dado nuestro actual sistema de distribución, no veo cómo ésto pueda llegar a suceder. Mi cabeza va a explotar. Tal vez tenga un tumor cerebral. Por favor, no me envíes más memorándums largos. 
  
P.P.D. ¿No te parece que La Pequeña Lolita es de verdad un título bastante bueno? Nosotros podríamos comisionarlo. Quizá esté pensando en Mort Yeager, él tiene cierto toque para esa clase de cosas. ¿Recuerdas La Muestra de Lencería Adolescente? La muchacha de La Pequeña Lolita podría tener once años, pienso, ¿no tenía doce la Lolita original? 






memorándum de oficina

A:  Roger 
DE:  John 
REF:  Posible tumor cerebral 
  
      Me suena más como un dolor de cabeza por ansiedad. Toma cuatro Quaaludes y llámame por la mañana. A propósito, Mort Yeager está en la cárcel. Por encubrimiento de propiedad robada, creo. 
  
 John 






de la oficina del editor en jefe
  
A:  John Kenton 
FECHA:  16/1/81 
  
MENSAJE:   ¿No tienes trabajo para hacer? 
  
 Roger 






memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE:  John 
REF: Agresividad sin piedad por parte de superior insensible
  
      Si,  le escribiré una carta a Carlos Detweiller, el ganador del Premio Nacional del Libro del año próximo. 
  
 John  
P.D. Y no te molestes en agradecerme. 

 16 de enero de 1981 
  
Sr. Carlos Detweiller 
147 E. Calle14, Depto.
Central Falls, Rhode Island 40222, 
  
Estimado Sr. Detweiller,
Le agradezco la interesante carta del 4 de enero, con la breve pero intrigante descripción de su libro, Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. Le daría la bienvenida a una sinopsis más completa del libro, y lo invito a que nos envíe capítulos de muestra (preferiría capítulos 1-3) con su resúmen. Tanto la sinopsis como los  capítulos de ejemplo deben estar tipeados a doble espacio, en una resma de papel de buena calidad (y no del que se borra fácil, ya que capítulos enteros tienen la costumbre de desaparecer en el correo). 
      Como usted ya sabe, la Zenith es una pequeña casa de libros de bolsillo, y nuestras listas actualmente emparejan nuestro tamaño. Como nosotros publicamos sólo originales, recibimos varias grandes propuestas; como somos una editorial pequeña, las propuestas que leemos son, en la mayoría de los casos, devueltas, porque no parecen encajar con nuestras necesidades actuales. Todo lo cual es mi manera de advertirle que no interprete esta carta como un convenio a publicar su libro, porque ése no es definitivamente el caso. Le sugeriría que mande por correo la sinopsis y los capítulos de muestra con la idea de que rechazaremos finalmente su libro. Entonces usted estará prepararado para lo peor... o agradablemente sorprendido si encontramos que es apropiado para Libros Zenith. 
      Por último, aquí tiene las advertencias normales en que insiste nuestro departamento legal (y los departamentos legales, hasta donde yo sé, de todas las editoriales): debe usted adjuntar la estampilla adecuada para asegurar el retorno de su manuscrito (pero por favor no envíe el efectivo que cubra la estampilla), debe comprender que Zenith House no acepta ninguna responsabilidad en el retorno seguro de su manuscrito, aunque nosotros tendremos todo el cuidado razonable, y que, como le dijera anteriormente, nuestro acuerdo en leerlo no es de ninguna manera un convenio para publicarlo. 
      Espero tener noticias suyas, y confío encontrarlo bien. 
  
Atentamente,
John Kenton 
Editor asociado
Zenith House, Ediciones
 Avenida South Park 490 
 New York, New York 10017






memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE: John 
REF:  después de considerarlo...  
  
... estoy de acuerdo. Escribo demasiado. Añadido a esto hay una copia de mi carta a Detweiller. Parece una sinopsis de El Desnudo y el Muerto, ¿no te parece? 
  
 John 











21 de enero de 1981 
  
Sr. John Kenton, Editor, 
Zenith House, Ediciones, 
Avenida South Park 490 
New York, New York 10017, 
  
Estimado Sr. Kenton, 
Le agradezco su carta del 16 de enero que acabo de recibir. Mañana le estoy enviando el manuscrito entero de Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. Hoy tengo poco dinero, pero mi jefa, la señora Barfield, me debe como cinco dólares de la lotería. ¡Muchacho, ella no puede resistirse ante esas tarjetitas para raspar! 
      Le enviaría una "sinopsis más completa", tal como usted le dice, pero no hay ninguna razón para hacerlo cuando usted puede leerlo por sí mismo. Como dice el Sr. Keen, de mi edificio, "Por qué describir a un invitado cuando usted mismo puede ver a ese invitado." El Sr. Keen realmente no tiene una profunda sabiduría pero de vez en cuando dice algo así de ingenioso. Traté de instruirlo en una ocasión (al Sr. Keen) en los "misterios más profundos" y él sólo dijo, "Cada uno a lo suyo, Carlos."  Creo que usted probablemente estará de acuerdo en que éste es un comentario tonto que sólo parece ingenioso.
      Debido a que no tenemos que preocuparnos por la "sinopsis más completa," emplearé mi carta para contarle algo sobre mí. Tengo veintitrés años (aunque todos dicen que parezco más viejo). Trabajo en la Casa de Flores de Central Falls para la señora Tina Barfield, que conoció a mi madre cuando ella todavía vivía. Nací el 24 de marzo, lo que me hace un Ariano. Las personas de Aries, como usted sabe, son muy psíquicas, pero salvajes. Por suerte para mí, yo estoy en la "cúspide" de  Piscis, lo que me  da  el control que necesito para tratar con el universo psíquico. He intentado explicarle todo esto al Sr. Keen, pero él sólo responde: "Hay algo de pescado en tí, Carlos," él siempre está bromeando de esa manera y a veces puede llegar a ser muy irritante. 
      Pero ya es suficiente sobre mí. 
      He trabajado en los Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas durante siete años (desde que tenía 16). Mucha de la información que hay allí la recibí de la tabla "OUIJA". Yo usaba la "OUIJA" con mi madre, con la señora Barfield, con Don Barfield (él ahora está muerto), y a veces con un amigo mío llamado Herb Hagstrom (que también murió, pobre muchacho). De vez en cuando también se unían otros a nuestro pequeño "círculo". ¡Allá en nuestros días en Pawtucket, mi madre y yo éramos bastante "sociales"! 
      Algunas de las cosas que averiguamos de la "OUIJA" están descriptas con "detalles horripilantes" en Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas: 1. ¡La desaparición de Amelia Earhart fue realmente el trabajo de demonios! 2. Fuerzas demoníacas al trabajo en H.M.S. Titanic. 3. El "tulpa" que infestó a Richard Nixon. 4. ¡Habrá un Presidente de ARKANSAS! 5. Y más. 
      Claro que esto no es "todo". "No me enfríes, recién estoy precalentándome", como diría el Sr. Keen. En cierta forma, los Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas son como El Necronomicón, sólo que ese libro era de ficción (inventado por H. P. Lovecraft, que también era de Rhode Island) y el mío es de verdad. Tengo historias asombrosas de "aquelarres" de magia negra a los que he asistido, tomando una pócima y volando a ellos a través del éter (recientemente he ido a los aquelarres de Omaha, Nebraska; Flagstaff, Arizona, y Fall River, Massachusets, sin abandonar "el comfort de mi propio hogar"). Probablemente esté usted preguntándose, "Carlos,  ¿esto significa que es un estudiante de las 'Artes Negras'?" ¡Sí, pero no se preocupe! Después de todo, usted  es mi "conexión" para  conseguir la publicación de mi libro, ¿no es así? 
      Tal como le dije en mi última carta, también hay un capítulo, "El Mundo de los Hechizos", que la mayoría de las personas encontrará muy interesante. Trabajar en un invernadero y tienda de flores ha sido especialmente bueno para trabajar con hechizos, puesto que la mayoría de ellos requieren hierbas y plantas frescas. Soy muy bueno con las plantas, incluso la señora Barfield se lo diría, y ahora estoy cultivando algunas muy "extrañas" en la parte trasera del invernadero. Probablemente sea demasiado tarde para ponerlo en este libro, pero como el Sr. Keen a veces me dice, "Carlos, el momento de pensar en mañana es ayer". Quizá podríamos hacer una continuación, Plantas Extrañas. Hágame llegar su opinión al respecto. 
      Concluiré ahora. Hágame saber que recibió el manuscrito (con una postal será suficiente), y póngame al corriente lo más pronto posible sobre los porcentajes de derechos de autor, etc. Yo puedo ir a N.Y.C. cualquier miércoles en el tren o en el autobús de la Greyhound si usted quiere tener un "almuerzo de publicación", o puede venirse hasta aquí y le presentaré a la señora Barfield y al Sr. Keen. También tengo más fotografías que las que le estoy enviando. Estoy feliz por la publicación de Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. 
  
Su nuevo autor,
  
 Carlos Detweiller 
 147 E. Calle 14, Depto. E 
 Central Falls, R.I. 40222






memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE:  John 
REF:  Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas, por Carlos Detweiller, 
  
Acabo de recibir una carta de Detweiller con respecto a su libro. Creo que, al invitarlo a presentarla, cometí el peor error de mi carrera editorial. Oooh, la piel me está empezando a arder...  








de la oficina del editor en jefe
    
A:  John Kenton 
FECHA:  23/1/81 
  
Te hiciste la cama. Ahora métete en ella. Después de todo, siempre podemos conseguir un escritor-fantasma,¿no es cierto? Je-je. 
  
 Roger 




 25 de enero de 1981 

Querida Ruth, 

Me siento casi como si estuviera en el medio de un maldito arquetipo; hay segmentos del New York Times del domingo en el suelo, un viejo álbum de Simon y Garfunkel en el estéreo, y un  Bloody Mary al alcance de mi mano. La lluvia golpeando en el vidrio lo hace todo más acogedor. ¿Estoy intentando ponerte nostálgica? Bien... tal vez un poco. Después de todo, la única cosa que falta en la escena eres tú, y probablemente estés montando una tabla de surf más allá de la línea de las grandes olas mientras escribo estas palabras (y llevando una bikini casi inexistente). 
      En realidad, sé que estás trabajando duro (probablemente no demasiado) y estoy convencido de que tu doctorado va a ser un record mundial. Lo que pasa es que la semana pasada fue un verdadero show del horror para mí, y tengo miedo de que pueda haber más por llegar. Entre otras cosas, Roger me acusó de ser un pesado (bueno, realmente eso fue la semana anterior, pero ya sabes lo que quiero decir), y creo que siento acercarse un ataque real de pesadez. Trata de soportarme, ¿de acuerdo? 
      Básicamente, el problema es Carlos Detweiller (con un nombre como ése no podía ser otra cosa que un problema,¿verdad?). Va a ser un problema a corto plazo, el viejo Carlos, como hiedra venenosa o una llaga en la boca, pero tal como sucede con estas dos cosas, saber que el problema es a corto plazo no alivia todo el dolor... sólo te salva de que te vuelvas loco. 
      Roger tiene razón; tiendo a aburrir de tan pesado que soy. Sin embargo, eso no será lo mismo que tener logorrea*. Intentaré evitarlo.   A los hechos, entonces. Como ya sabes, todas las semanas nos llegan presentaciones "por encima de la ventanita". Son las que están  dirigidas  a los "Caballeros",  "Estimado Señor", o "A Quien Corresponda"; en otras palabras, un manuscrito que nadie solicitó. Bien... no todos son manuscritos; al menos la mitad de ellas son las que nosotros, editores modernos, llamamos "cartas de presentación" (¿todavía no te cansaste de tantas comillas? Deberías leer la última carta de Carlos; te cansarías de ellas de por vida). 
      Sin embargo, todas ellas serían cartas de presentación si esta bola de fango realmente fuera el mejor de todos los mundos posibles. Como el 99% de los otros editores en Nueva York, nosotros ya no leemos manuscritos no solicitados; al menos, ésa es nuestra política oficial. Lo decimos tanto en el Mercado del Escritor, como en el Anuario del Escritor, El Independiente, y en La Gacetilla de la Pluma. Pero, aparentemente, del montón de aspirantes a Wolfes y a Hemingways que hay allá afuera, ninguno lee estas cosas, no las creen cuando las leen, o simplemente las ignoran; escoje lo que mejor te parezca. 
      Al menos, en la mayoría de los casos le echamos una mirada al lodo, si éste está escrito a máquina (por favor que no se te escape ni una palabra de esto o nos veremos inundados de manuscritos y Roger probablemente me mate; ya le falta poco para hacerlo, creo). Después de todo, Gente Común apareció de la nada y la primera persona que lo leyó fue un asistente editorial que de casualidad se dio cuenta de que era una historia genial. Pero ésa, por supuesto, fue una oportunidad en un millón. Yo nunca he visto un manuscrito no solicitado que parezca algo más que el trabajo de un brillante alumno de quinto. Claro que Zenith House  apenas se acerca a Alfred A. Knopf (nuestro título líder para febrero es Escorpiones del Infierno, por Anthony L. K. LaScorbia, su continuación a las Ratas del Infierno), pero a pesar de eso... uno tiene esperanzas...   
      Detweiller, por lo menos, siguió el protocolo y envió una carta de

*Nota del Traductor: juego de palabras entre gonorrea y enfermedad del “logotipo”
presentación. Herb Porter, Sandra Jackson, Bill Gelb y yo nos distribuimos las que entran en la semana antes de cada lunes, y yo tuve la desgracia de que me tocara ésta. Después de leerla y reflexionar durante unos veinticinco minutos (tiempo más que suficiente para escribirle a Roger un largo y jadeante memorándum sobre el asunto que, bajo las actuales circunstancias, probablemente nunca vaya a repetir), le escribí una carta a Detweiller pidiéndole que nos mandara unos capítulos de muestra y un borrador del resto. Y el viernes pasado recibí una carta que... bueno, para abreviar, no estoy seguro de cómo describirla. Él tiene veintitrés años y parece ser el empleado de una vieja floricultora de Central Falls, con una fijación por su madre y la convicción de que asiste a sabbats de brujas por toda América drogándose con nuez moscada, o algo así. Ya me estoy imaginando aquelarres en las playas de estacionamiento de los Moteles Six. 
      Pensé que los Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas de Carlos (ya he logrado superar el punto en que sólo el título tenía el poder de hacerme empalidecer y estremecerme en mis zapatos) podría ser una investigación aficionada de algún chico; algo que podría recortarse, exprimirse y venderse al público de Amityville Horror. Es que su carta original era corta, y tan llena de esas meticulosas oraciones objeto-predicado, como para que uno pudiera creerlo. Y mientras que nunca tuve ninguna ilusión de que el hombre fuera un escritor, asumí que por lo menos era capaz de leer y escribir, lo que resultó ser un pensamiento totalmente infundado. Es más, el solo hecho de releer la carta original de Detweiller me hace preguntar cómo pude alguna vez garrapatear la frase Esto tiene cierto encanto aún a medio cocer en el margen... y aún así, ahí está.
    ¿Y qué hay con eso? te estarás preguntando. Podía darle una mirada al manuscrito cuando llegara y luego enviarlo de vuelta con una carta con la leyenda: "Zenith House lamenta informarle", etc. Eso estaría correcto... pero también equivocado. Está equivocado porque  los  tipos  como  Carlos  Detweiller  demasiado a  menudo resultan ser un mal caso de piojos; fácil de contraer, pero del que ni el mismo diablo te cura. Lo peor de todo esto es que le mencioné este mismo hecho a Roger en mi más que largo memorándum original sobre el libro, recordándole al General Hecksler y su Veinte Flores Psíquicas de Jardín; debes acordarte de que te conté cómo el General nos bombardeó con cartas documento y llamadas telefónicas luego de que le rechazáramos el libro (no puedes estar enterada, sin embargo, acerca del correo que Herb Porter recibió de él, en el que Hecksler se refería a Herb como "el Judío Señalado", una referencia que ninguno de nosotros ha descifrado hasta el momento). Se puso cada vez más agresivo, y justo antes de que su hermana lo encerrara en un asilo del estado, Sandra Jackson me confesó que tenía miedo de irse sola a su casa; dijo que temía que el General saltara desde una puerta oscura con un cuchillo en una mano y un ramillete de flores psíquicas en la otra. Me dijo que lo peor de todo aquello era que ninguno de nosotros sabía cual era su aspecto; habríamos necesitado una pericia caligráfica en lugar de una fotografía para poder identificarlo en una ronda policial. 
      Y por supuesto todo esto suena divertido ahora, pero no fue gracioso cuando ocurrió; sólo después de que su hermana nos escribiera descubrimos que éramos simplemente una de sus obsesiones menores, y desde ya él resultó ser peligroso; sino pregúntale al chofer de autobús de Albany al que apuñaló. 
      Y sabiendo todo esto –incluso se lo mencioné a Roger– invité despreocupadamente a Detweiller a que me enviara una copia de su libro. 
      Por supuesto, el otro asunto (y conociéndome tanto como me conoces, probablemente ya lo has adivinado) es muy sencillo: me disgusta errar tan alevosamente. Si un ignorante como Carlos Detweiller pudo engañarme tan bien (imaginé que su libro debía de ser fantasmal, cierto, pero aún así no es ninguna excusa), ¿cuánto material bueno me estoy perdiendo?  Por  favor  no te rías; estoy hablando en serio. Roger siempre está haciendo jirones mis "aspiraciones literarias", y supongo que tiene derecho a eso (ningún progreso en la novela esta semana si es que te interesa; este asunto de Detweiller me ha deprimido demasiado), considerando dónde terminó el antiguo director de la Sociedad Milton de la Universidad Brown (terminó alentando a Anthony LaScorbia para que se pusiera a trabajar en su nueva obra épica, Avispas del Infierno). Pero creo que aceptaría gustosamente seis meses de cartas del evidentemente loco Carlos Detweiller, repletas de amenazas veladas que se vayan volviendo un poco menos veladas con cada misiva, si me pudieran asegurar que no dejé pasar algo bueno debido a una respuesta crítica totalmente equivocada. 
      No sé si esto es más o menos desalentador, pero Roger mencionó en uno de sus Famosos Memorándums que la Corporación Apex va a darle a Zenith al menos un año más para que deje de personificar a un perro muerto y empiece a mostrar algún aumento en las ventas. Él recibió las noticias de Harlow Enders, el jefe interventor de Apex en New York, así que probablemente sea cierto. Supongo que es una buena noticia cuando consideras que en estos días no cualquiera en el mundo de la publicación tiene una oficina adonde ir, ni siquiera con una compañía cuyo más constante y más grande serie leída es la del Macho Man y cuyo problema interno más grande no son los espías que hacen copias de manuscritos para que los estudios cinematográficos puedan conseguir una vista previa, si no que tiene cucarachas en el refrigerador. Quizá no sea tan bueno cuando piensas en qué poco dinero tenemos para gastar (quizá te merezcas los Carlos Detweillers del mundo cuando lo máximo que puedes ofrecer como adelanto por derechos de autor es $1800) y la distribución de mierda que tenemos. Pero nadie en Apex entiende de libros o del mercado de libros, incluso dudo si en primer lugar alguien  allí sabe por qué eligieron comprar Zenith House el año pasado, excepto    que lo hicieron porque se les presentó una compra barata. Las oportunidades de que podamos mejorar nuestra posición (2% del mercado del libro de bolsillo, decimoquintos en una lista de quince) en el transcurso del año próximo no son demasiadas. Quizá terminemos casándonos en California después de todo, ¿eh, nena? 
      Bien, suficiente calamidades y pesimismo –mañana mandaré esto por correo y con suerte volveré a trabajar en mi libro– y la próxima carta que te escriba será de la variedad "locuaz y llena de noticias". ¿Quieres que le pida a Carlos que te envíe flores desde Central Falls? 
      Olvida que pregunté eso. 
Con amor,
John 
  
P.D. -Y dile a tu compañera de cuarto que no creo que fabricar "el Frisbee comestible más grande del mundo" tenga ningún mérito en absoluto, Libro Guinness de los Records o no. ¿Por qué no le preguntas si tiene algún interés en sentarse en una bañera llena de fideos para los Records Mundiales? El primero que la reviente se gana un viaje con todos los gastos pagos a Central Falls, Rhode Island...  
  
   J. 
memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE:  John 
REF:  Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas, por Carlos Detweiller,

El manuscrito de Detweiller llegó esta mañana, envuelto en bolsas de la compra, asegurado con cinta (roto en su mayor parte), y aparentemente tipeado por alguien con terribles problemas de control motriz. Es todo tan malo como me lo temía: pésimo, más allá de toda esperanza. 
      Este puede y debe ser el fin, pero algunas de las fotografías que él adjuntó son intensamente perturbadoras, Roger, y éste no es ningún chiste, así que por favor no te lo tomes como si lo fuera. Ellas son una rara conglomeración de fotos en blanco y negro (sacadas con una Nikon, supongo), en color (también con la Nikon), y unas Polaroid SX de 70 tiros. La mayoría de ellas son de ridículos hombres y mujeres maduros, vestidos con batas negras con signos cabalísticos cosidos en ellas, o de hombres y mujeres maduros con nada en absoluto, exhibiendo zancas flacas, pechos caídos, y  barrigas enormes. Se ven exactamente como uno supone que las personas de Central Falls imaginarían a qué debiera parecerse una Misa Negra (en algunas de ellas hay un hombre mucho más joven que probablemente sea el mismo Detweiller; este joven siempre está enfocado de atrás o con su cara en las sombras), y el escenario parece ser, en la mayoría de los casos, un invernadero; me imagino que relacionado con la floricultora donde Detweiller dijo que trabajaba. 
      Hay un paquete de seis fotos etiquetadas como "La Reunión Sagrada" que muestra  manifestaciones  plásmicas tan  obviamente falsificadas que dan lástima (lo que parece ser un globo escarchado con pintura Day-Glo está flotando desde las yemas de los dedos del médium). Un tercer paquete de fotografías (todas de SX-70) son del estilo de libro de "exposición", con tomas de varias plantas que pretenden ser hierba mora mortal, belladonna, pelo de virgen, etc. (es imposible para mí decir si las etiquetas están correctas, ya que no puedo diferenciar a un arce de un pino ponderosa sin ayuda; Ruth probablemente lo sepa). 
      De acuerdo, ahora la parte perturbadora. Algunas de las fotografías con las escenas de la "Misa Negra" (cuatro, para ser rigurosamente exactos) pretenden mostrar un sacrificio humano... y a me parece que ellos quizá realmente mataron a alguien. La primera fotografía muestra a un viejo con una sumamente realista expresión de terror en la cara, acostado sobre una mesa en el invernadero que mencioné. Varias personas vestidas con túnicas están sujetándolo. El hombre joven que pienso que es Carlos Detweiller está de pie a la izquierda, desnudo, con lo que parece ser un cuchillo Bowie. La segunda foto muestra el cuchillo enterrándose en el pecho del viejo compañero; en la tercera, el hombre que yo presumo pueda ser Detweiller está metiendo la mano en la cavidad del pecho; en la última está sosteniendo una cosa chorreante para que los demás puedan verla. La cosa chorreante se parece muchísimo a un corazón humano. 
      Las fotos podrían ser completamente falsas, y yo sería el primero en admitirlo; supongo que un hombre con efectos especiales medio decentes podría recrear algo así, sobre todo con calma... pero los esfuerzos por engañar en las otras fotografías son tan dolorosamente obvios que me pregunto si eso pueda ser así.
      Solamente con ojearlas tengo suficiente como para vomitar las galletitas, Roger; ¿qué pasaría si nos hemos tropezado con un grupo de personas que realmente están practicando sacrificios humanos?  ¿Asesinatos en masa, tal vez? Estoy asqueado, aunque por el momento más asustado que otra cosa. Todo esto podría decírtelo personalmente, por supuesto, pero parecía importante notificártelo por escrito, por las dudas de que termine siendo una cuestión legal. Cristo, ojalá nunca me hubiese enterado de la existencia de Carlos Jodido Detweiller.
       ¿Por qué no vienes y le echas un vistazo a las fotos en cuanto puedas, si? Ni siquiera sé si debo tomar el teléfono y llamar a la policía de Central Falls o no. 
  
 John 
  
    


 













FIN  DE  LA  PLANTA,  PARTE  UNO
 

 
 





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